Caídas de niños y bebés: cómo actuar

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Cuando el bebé aprende a andar es muy común que se caiga (y hasta unos cuantos años después, también); normalmente esos golpes carecen de gravedad: el niño llora un poco y al cabo de cinco minutos ni se acuerda de lo que ha ocurrido. Prevenir todos los accidentes de tu hijo es imposible (aunque debes intentarlo).

Pero otras veces las lesiones requieren atención médica. Lo más importante es conservar la calma (algo muy complicado cuando el golpe es importante), y evaluar si se debe llamar a urgencias.

¿Quieres saber cómo actuar cuando tu hijo se cae? ¿En qué casos es conveniente llamar al médico?

1. ¿Qué hacer si tu bebé se hace daño al caer -pero sin lesiones graves-?

  • Consuélalo.  Trata de tranquilizarlo (a veces es más el susto que el dolor) y abrázalo hasta que deje de llorar.
  • Si sangra corta la hemorragia. Tapona la herida con gasa y presiona hasta que se reactive su mecanismo de coagulación.
  • Limpia la herida con abundante agua. Después aplícale gasa con yodo.
  • Si tiene moretones o contusiones , puedes aliviarle con una bolsa de hielo.
  • Durante las siguientes 24 horas estate muy pendiente del niño para poder detectar cualquier síntoma extraño. Ante cualquier duda sobre la gravedad, o si se da un golpe en la cabeza, llévale al médico.

2. ¿Cuándo buscar atención médica?

  • Si tu bebé no deja de llorar.
  • Si está muy adormecido y es difícil despertarlo.
  • Si vomita más de dos o tres veces.
  • Si se queja de dolor de cuello o espalda.
  • Si no puede caminar normalmente.
  • Si parece que le cuesta enfocar la vista,
  • Si se muestra desorientado o irritable.

3. ¿Cuándo debes llamar a urgencias y pedir una ambulancia?

  • Si pierde el conocimiento, aunque sea por un corto espacio de tiempo.
  • Si le cuesta respirar.
  • Si no está respirando (debes iniciar la reanimación cardiopulmonar).
  • Si tiene convulsiones.
  • Si le sale sangre o un líquido transparente por la nariz, ojos o boca.
  • Si consideras que puede haberse herido gravemente la cabeza, el cuello, la espalda o la cadera.

Recuerda que es fundamental mantenerse tranquil@. Si te pones nervios@ actuarás de una forma más lenta e ineficaz, y además, corres el riesgo de preocupar al pequeño.

Vía: Kids Health

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